Hace meses que tengo que instalarle el antivirus a la computadora y nunca lo hago. Se me acumulan las notas sobre el escritorio, los mensajes que marco como no leídos para recordar que tengo que contestar, y las fotocopias que quizás nunca vaya a tocar. Hace semanas que intento terminar de leer una novela pero no me sale. No me gusta mucho, no es tan buena, pero ahora quiero saber cómo termina. Hoy llovió: había olor a tierra mojada, el trabajo estuvo tranquilo, me escapé a fumar puchitos con la vecina. A la vuelta me subí en la bici y algo me hizo pensar en Marcos. En casa, me puse el pijama, hice nuevas anotaciones que no sirven para nada y tomé un té (esta noche como que sí tengo muchas ganas de leer, quizás hoy sepa cómo termina la novela).
miércoles, 30 de noviembre de 2011
jueves, 20 de octubre de 2011
lejos de casa
1. Escucho conversaciones de mujeres cincuentonas, flacas, rubias, mantenidas por sus maridos como si todavía viviéramos hace cincuenta años, que hablan de piquetes en la vía y se ríen de sus desgracias burguesas. Acá al lado también hay una pareja careta (o al menos tienen pinta de ser una pareja careta, bueno) que toma café, y la mina se hace la linda. Es impresionante como se hace la linda, porque de hecho tiene una carita preciosa, pero sigue haciendose la linda, no sé, como si se le fuera la vida en ello. Entré al café porque era mucho lo que llovía, y siempre me termino enfermando, hoy no podía enfermarme. Pedí un café negro porque era lo más barato.
2. Iba a escribirte una carta. En vez de eso, utilizo una hoja ya escrita, para no caer en la tentación de arrancarla y dartela otro día, cuando tomemos mate, o té. Acá al lado de la plaza hay una escuela, de vez en cuando se escucha el timbre y los gritos de los chicos jugar. Perdí la noción del tiempo, no recuerdo ya hace cuánto tiempo estoy sentada en este banco. Hoy ví cosas que hacía tiempo no veía, y pienso cómo podemos olvidarnos de abrir lo ojos (parece que va a empezar a llover de nuevo, caen algunas gotas). Vi dos palomas muertas. Veo a la gente pasar y todos parecen tan tranquilos, los autos me dejan pasar cuando quiero cruzar la calle. Los pueblos tienen algo que parecen todos iguales, demasiado calor en verano, las calles anchas a las que no estoy acostumbrada. Me hice amiga de un perro. Tengo un poco de frío y vuelve a sonar el timbre de la escuela, parece que ahora va a empezar a llover en serio.
miércoles, 5 de octubre de 2011
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escuchando blues
y acomodando ropa, ordenando el caos que dejé ayer
sobre el escritorio con tazas, yerba y libros con polvo.
me pinto las uñas porque
estoy acostumbrada a que sean azules y
mi vieja amiga, mañana o pasado,
lo va a notar
no te quedes con lo último, con mi voz temblorosa
porque antes de eso
tomamos mate y te conté una anécdota
de esas para indignarse un rato
de la gente que es una mierda
irse siempre cuesta porque dejamos cosas
y nos perdemos otras
pero una vez que estás lejos
ya no querés volver
y eso siempre fue así
lo que escribo no es lindo
pero dan tantas ganas de hacerlo
sábado, 1 de octubre de 2011
quizás mañana
que me cuentes todas esas cosas que pasaron, pero que no nos animamos a hablar, pareciera. Me gustaría que me cuentes cómo fue cuando estuviste en la situación en la que, creo, yo estoy ahora.
Algún día, también, me gustaría pasar largas horas haciendo lo que a veces hacemos, algún día, me gustaría pasar largas horas haciendo lo que muchas veces hacemos, largas horas.
Algún día, me gustaría olvidarte, y que me olvides, y a la vez por siempre recordar. Algún día me gustaría que tu recuerdo no se me hiciera presente, una y otra vez, en las madrugadas, en el medio de una lectura que no tiene nada que ver.
Algún día me gustaría, en realidad, no sentir necesidad de que me cuentes todas esas cosas que pasaron (pero que no nos animamos a hablar, pareciera), y simplemente estar, largas horas haciendo esto, o haciendo aquello, y a la noche luego seguir leyendo, con tu recuerdo, o sin tu recuerdo, algún día me gustaría que sea lo mismo.
viernes, 30 de septiembre de 2011
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Intentando escribir sobre una persona a la que se le enfría el café en un bar, no puedo desligarme de mi circunstancia actual, a la vez que un pasado lleno de caligrafía ruidosa se hace presente (mejor dormir una siesta, corta, pero efectiva). ¿Qué pasa con la persona que toma café, pero se le enfría? Es un hombre alto, flaco, pelo corto y negro, con ojeras -Tiene la mirada perdida, sería quizás demasiado trillado decir que espera a alguien, y por eso se le ha enfriado el café, pero, ¿que otra cosa podría esperar, si no es a una persona?
dos cosas.
1. Que suceda todos los viernes, no significa que hoy, por ser viernes, va a suceder.
2. "a entonces b" no existe, nunca, siempre hay más variables a considerar.
viernes, 16 de septiembre de 2011
pensamiento 5 am
Los garcas hacen chistes, ríen y toman mate, y parece que nadie tiene la culpa de nada
Pero la responsabilidad la tenemos todxs
(algo así, no sé)
♣+◘•
El perro que vive a tres cuadras de casa y que tiene un ojo negro y otro azul, el vecino que apaga las luces siempre a las dos de la mañana, y el vecino que pasa las noches asustado con miedo a que le roben, el paralelismo con los números impares y septiembre, las pruebas del delito que posan sobre el pasto y de vez en cuando son limpiadas, todas esas cosas cotidianas que no importan, no en verdad, pero sin ellas las cosas quizás serían diferentes.
Y bueno, esperar a que pasen unos días más, porque sí, y el bicicletero que me toma el pelo, y mi cara de nada cuando todos reían hoy. Los viejos jubilados con impresionantes ganas de reírse de cualquier cosa en el cine, el semáforo de Alvarado que nunca está verde para mí, la amiga de mi madre que siempre es tan simpática, el viejo de San Juan.
Amiga, tengo miedo, porque hoy me saludaste y te dí un abrazo, pero parece que algo anda mal.
Y ya se que no somos amigas,
pero pensaba que mañana
podíamos perfectamente serlo.
jueves, 15 de septiembre de 2011
siempre igual
Paso las noches tomando mate, y después té, y después mate, y después té. Fumando en la ventana, escuchando una radio que pasa sólo música, esperando ese momento en que suene un rock viejo bailable o una canción tierna de los Beatles, esperando a que salga el sol para lamentarme una vez más. Paso las noches, con sueño o sin sueño, leyendo un poco y escribiendo siempre, imaginándome cosas que nunca van a pasar pero que a veces pasan, recordando lo que pasó ayer una y otra vez, dando saltitos de alegría o deprimiéndome porque pasó una mosca y tengo el flequillo feo, haciendo de cuenta que hago cosas, cuando en realidad no hago nada, pasan las noches como quien dice pasan los días, una vez más ya falta poco para que salga el sol.
domingo, 4 de septiembre de 2011
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Paloma tenía once años. Quería morir, y estaba decidida a suicidarse el día de su cumpleaños número doce, porque no quería pasar toda su vida como un pez en la pecera (hay gente que se suicida tirándose por la ventana - eso es absurdo - así se sufre más - uno decide terminar con su vida para dejar de sufrir -). La muerte no es tan importante, pensaba, lo que importa es lo que uno hace en el instante.
René llora. Paloma la abraza, René le dice que no quiere que la vea así. Paloma la abraza más fuerte. Al día siguiente René muere. Si la muerte es esto, dejar de estar con la gente que amás, dice Paloma, entonces es algo tan trágico como todos dicen. Lo que importa es lo que uno hace en el instante. En el instante en que René murió, estaba lista para amar.
Los domingos son buenos días para andar en bici, cuando no pasan tantos autos por la calle. Las avenidas son otra cosa. Imposible la conciencia de saber que hay personas atrás de todas esas máquinas horribles que hacen ruido y aplastan. Hoy, tranquilidad. Aunque se extrañan los colores del otoño, y la primavera no es exactamente tan linda. En casa, lo primero sigue siendo el mate.
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