sábado, 1 de octubre de 2011

quizás mañana

Algún día me gustaría

que me cuentes todas esas cosas que pasaron, pero que no nos animamos a hablar, pareciera. Me gustaría que me cuentes cómo fue cuando estuviste en la situación en la que, creo, yo estoy ahora.
Algún día, también, me gustaría pasar largas horas haciendo lo que a veces hacemos, algún día, me gustaría pasar largas horas haciendo lo que muchas veces hacemos, largas horas.

Algún día, me gustaría olvidarte, y que me olvides, y a la vez por siempre recordar. Algún día me gustaría que tu recuerdo no se me hiciera presente, una y otra vez, en las madrugadas, en el medio de una lectura que no tiene nada que ver.

Algún día me gustaría, en realidad, no sentir necesidad de que me cuentes todas esas cosas que pasaron (pero que no nos animamos a hablar, pareciera), y simplemente estar, largas horas haciendo esto, o haciendo aquello, y a la noche luego seguir leyendo, con tu recuerdo, o sin tu recuerdo, algún día me gustaría que sea lo mismo.

viernes, 30 de septiembre de 2011

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Intentando escribir sobre una persona a la que se le enfría el café en un bar, no puedo desligarme de mi circunstancia actual, a la vez que un pasado lleno de caligrafía ruidosa se hace presente (mejor dormir una siesta, corta, pero efectiva). ¿Qué pasa con la persona que toma café, pero se le enfría? Es un hombre alto, flaco, pelo corto y negro, con ojeras -Tiene la mirada perdida, sería quizás demasiado trillado decir que espera a alguien, y por eso se le ha enfriado el café, pero, ¿que otra cosa podría esperar, si no es a una persona?

dos cosas.

1. Que suceda todos los viernes, no significa que hoy, por ser viernes, va a suceder.
2. "a entonces b" no existe, nunca, siempre hay más variables a considerar.

viernes, 16 de septiembre de 2011

pensamiento 5 am

Los garcas hacen chistes, ríen y toman mate, y parece que nadie tiene la culpa de nada



Pero la responsabilidad la tenemos todxs

(algo así, no sé)

♣+◘•

El perro que vive a tres cuadras de casa y que tiene un ojo negro y otro azul, el vecino que apaga las luces siempre a las dos de la mañana, y el vecino que pasa las noches asustado con miedo a que le roben, el paralelismo con los números impares y septiembre, las pruebas del delito que posan sobre el pasto y de vez en cuando son limpiadas, todas esas cosas cotidianas que no importan, no en verdad, pero sin ellas las cosas quizás serían diferentes. 
Y bueno, esperar a que pasen unos días más, porque sí, y el bicicletero que me toma el pelo, y mi cara de nada cuando todos reían hoy. Los viejos jubilados con impresionantes ganas de reírse de cualquier cosa en el cine, el semáforo de Alvarado que nunca está verde para mí, la amiga de mi madre que siempre es tan simpática, el viejo de San Juan.

Amiga, tengo miedo, porque hoy me saludaste y te dí un abrazo, pero parece que algo anda mal.
Y ya se que no somos amigas, 
pero pensaba que mañana
podíamos perfectamente serlo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

siempre igual

Paso las noches tomando mate, y después té, y después mate, y después té. Fumando en la ventana, escuchando una radio que pasa sólo música, esperando ese momento en que suene un rock viejo bailable o una canción tierna de los Beatles, esperando a que salga el sol para lamentarme una vez más. Paso las noches, con sueño o sin sueño, leyendo un poco y escribiendo siempre, imaginándome cosas que nunca van a pasar pero que a veces pasan, recordando lo que pasó ayer una y otra vez, dando saltitos de alegría o deprimiéndome porque pasó una mosca y tengo el flequillo feo, haciendo de cuenta que hago cosas, cuando en realidad no hago nada, pasan las noches como quien dice pasan los días, una vez más ya falta poco para que salga el sol. 

domingo, 4 de septiembre de 2011

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Paloma tenía once años. Quería morir, y estaba decidida a suicidarse el día de su cumpleaños número doce, porque no quería pasar toda su vida como un pez en la pecera (hay gente que se suicida tirándose por la ventana - eso es absurdo - así se sufre más - uno decide terminar con su vida para dejar de sufrir -). La muerte no es tan importante, pensaba, lo que importa es lo que uno hace en el instante. 
René llora. Paloma la abraza, René le dice que no quiere que la vea así. Paloma la abraza más fuerte. Al día siguiente René muere. Si la muerte es esto, dejar de estar con la gente que amás, dice Paloma, entonces es algo tan trágico como todos dicen. Lo que importa es lo que uno hace en el instante. En el instante en que René murió, estaba lista para amar.

Los domingos son buenos días para andar en bici, cuando no pasan tantos autos por la calle. Las avenidas son otra cosa. Imposible la conciencia de saber que hay personas atrás de todas esas máquinas horribles que hacen ruido y aplastan. Hoy, tranquilidad. Aunque se extrañan los colores del otoño, y la primavera no es exactamente tan linda. En casa, lo primero sigue siendo el mate. 

viernes, 19 de agosto de 2011

¡!

- siempre es la incertidumbre la que termina alimentándome, más que cualquier otra cosa. -

lunes, 15 de agosto de 2011

abbbddd

Si tuvieras que explicarlo, fue la larga espera la que no te dejó dormir. Dormiste, bueno, sí, unos minutos o dos. Fue la larga espera, tanto tiempo sin saber qué. Yo se que imaginaste mucho, se que me imaginaste a mí. Vení, tomemos un te. Contame. Te cuento. No pude dormir porque tenía tanto frío, sabés, esta noche hace un frío acá que te llega hasta los huesos, no se cómo los demás no lo sienten. Yo no puedo dejar de temblar. Claro, por eso vamos a tomar un té. Por el frío. ¿O voy a tomar un té yo sólo? Quizás estoy tomando el té yo sólo, y no me doy cuenta. El agua todavía está fría.
En realidad vos estás durmiendo, sabés. Dormís y no quiero hacer ruido para despertarte, pero es que el frío, hace tanto frío...

Mientras tanto leyó: "No, basta ya de nombrar a Lucien; basta ya de repetir su nombre hasta la náusea. Tu no pareces darte cuenta de que hay recuerdos para mí insoportables; de que todas las fibras se rebelan si esas cosas son dichas (...) ¿Pero porqué nombraste a Lucien? ¿Era necesario que dijeras: Lucien?"

martes, 2 de agosto de 2011

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En una trampa para turistas, un flaco hace chistes racistas, machistas y homofóbicos, la gente se ríe. Maneja un coche mientras toma Coca-Cola y fuma un cigarrillo atrás de otro. Luego le habla a una pareja joven, cambia el tono de voz, "y se lo vendieron a los ingleses, estas son las cosas que pasan en este país", dice. En un costado, dos nenas de no más de diez años, ojos grandes, marrones, oscuros, cara redonda - No, papá, no quiero una foto así, dame la cámara, yo les saco a ustedes. - La hija menor parece la hija mayor, o quizás lo sea. El padre le alcanza la cámara. Al rato se saca fotos a ella misma. Se ríe sola con una sonrisa de picardía. Al otro costado una flaca de unos veinte años posa para una cámara inexistente, lleva el cabello reluciente, recojido en una larga trenza cocida y parece exponer sus perfectas piernas al tiempo que revisa un celular que, más que celular, parece una máquina del futuro. 
Un pobre hombre sube sólo al colectivo (antes de ser un coche, el coche era un colectivo). Digo que es un pobre hombre, no porque suba sólo al colectivo, ni mucho menos, si no porque tiene cara de ser un pobre hombre. Te dicen: sacá foto acá, acá, acá, sacá foto, sacá foto. La gente se ha olvidado de mirar con los ojos, debe de pensar el pobre hombre, y de caminar también. En un paradero estratégicamente ubicado cerca de uno de esos paisajes que, o son bellos, o son bellos, se encuentra un baño. "Respeto tus ganas de morir. Respetá mis ganas de vivir. Prohibido fumar en los baños": Impreso en computadora. En otro papel, escrito con lapicera: "Este baño es pribado, no público. Todos los que ingresen deben colaborar" Hay algo que me perturba en ese cartel, y no es la falta de ortografía.
Afuera hay cosas de muchos colores y todos te dicen compre, compre, compre, y la gente compra, compra, compra. Desde un rincón miro yo algo más, creo que sigo observando al pobre hombre, que, a su vez, parece observarme a mí.