viernes, 16 de septiembre de 2011

pensamiento 5 am

Los garcas hacen chistes, ríen y toman mate, y parece que nadie tiene la culpa de nada



Pero la responsabilidad la tenemos todxs

(algo así, no sé)

♣+◘•

El perro que vive a tres cuadras de casa y que tiene un ojo negro y otro azul, el vecino que apaga las luces siempre a las dos de la mañana, y el vecino que pasa las noches asustado con miedo a que le roben, el paralelismo con los números impares y septiembre, las pruebas del delito que posan sobre el pasto y de vez en cuando son limpiadas, todas esas cosas cotidianas que no importan, no en verdad, pero sin ellas las cosas quizás serían diferentes. 
Y bueno, esperar a que pasen unos días más, porque sí, y el bicicletero que me toma el pelo, y mi cara de nada cuando todos reían hoy. Los viejos jubilados con impresionantes ganas de reírse de cualquier cosa en el cine, el semáforo de Alvarado que nunca está verde para mí, la amiga de mi madre que siempre es tan simpática, el viejo de San Juan.

Amiga, tengo miedo, porque hoy me saludaste y te dí un abrazo, pero parece que algo anda mal.
Y ya se que no somos amigas, 
pero pensaba que mañana
podíamos perfectamente serlo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

siempre igual

Paso las noches tomando mate, y después té, y después mate, y después té. Fumando en la ventana, escuchando una radio que pasa sólo música, esperando ese momento en que suene un rock viejo bailable o una canción tierna de los Beatles, esperando a que salga el sol para lamentarme una vez más. Paso las noches, con sueño o sin sueño, leyendo un poco y escribiendo siempre, imaginándome cosas que nunca van a pasar pero que a veces pasan, recordando lo que pasó ayer una y otra vez, dando saltitos de alegría o deprimiéndome porque pasó una mosca y tengo el flequillo feo, haciendo de cuenta que hago cosas, cuando en realidad no hago nada, pasan las noches como quien dice pasan los días, una vez más ya falta poco para que salga el sol. 

domingo, 4 de septiembre de 2011

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Paloma tenía once años. Quería morir, y estaba decidida a suicidarse el día de su cumpleaños número doce, porque no quería pasar toda su vida como un pez en la pecera (hay gente que se suicida tirándose por la ventana - eso es absurdo - así se sufre más - uno decide terminar con su vida para dejar de sufrir -). La muerte no es tan importante, pensaba, lo que importa es lo que uno hace en el instante. 
René llora. Paloma la abraza, René le dice que no quiere que la vea así. Paloma la abraza más fuerte. Al día siguiente René muere. Si la muerte es esto, dejar de estar con la gente que amás, dice Paloma, entonces es algo tan trágico como todos dicen. Lo que importa es lo que uno hace en el instante. En el instante en que René murió, estaba lista para amar.

Los domingos son buenos días para andar en bici, cuando no pasan tantos autos por la calle. Las avenidas son otra cosa. Imposible la conciencia de saber que hay personas atrás de todas esas máquinas horribles que hacen ruido y aplastan. Hoy, tranquilidad. Aunque se extrañan los colores del otoño, y la primavera no es exactamente tan linda. En casa, lo primero sigue siendo el mate. 

viernes, 19 de agosto de 2011

¡!

- siempre es la incertidumbre la que termina alimentándome, más que cualquier otra cosa. -

lunes, 15 de agosto de 2011

abbbddd

Si tuvieras que explicarlo, fue la larga espera la que no te dejó dormir. Dormiste, bueno, sí, unos minutos o dos. Fue la larga espera, tanto tiempo sin saber qué. Yo se que imaginaste mucho, se que me imaginaste a mí. Vení, tomemos un te. Contame. Te cuento. No pude dormir porque tenía tanto frío, sabés, esta noche hace un frío acá que te llega hasta los huesos, no se cómo los demás no lo sienten. Yo no puedo dejar de temblar. Claro, por eso vamos a tomar un té. Por el frío. ¿O voy a tomar un té yo sólo? Quizás estoy tomando el té yo sólo, y no me doy cuenta. El agua todavía está fría.
En realidad vos estás durmiendo, sabés. Dormís y no quiero hacer ruido para despertarte, pero es que el frío, hace tanto frío...

Mientras tanto leyó: "No, basta ya de nombrar a Lucien; basta ya de repetir su nombre hasta la náusea. Tu no pareces darte cuenta de que hay recuerdos para mí insoportables; de que todas las fibras se rebelan si esas cosas son dichas (...) ¿Pero porqué nombraste a Lucien? ¿Era necesario que dijeras: Lucien?"

martes, 2 de agosto de 2011

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En una trampa para turistas, un flaco hace chistes racistas, machistas y homofóbicos, la gente se ríe. Maneja un coche mientras toma Coca-Cola y fuma un cigarrillo atrás de otro. Luego le habla a una pareja joven, cambia el tono de voz, "y se lo vendieron a los ingleses, estas son las cosas que pasan en este país", dice. En un costado, dos nenas de no más de diez años, ojos grandes, marrones, oscuros, cara redonda - No, papá, no quiero una foto así, dame la cámara, yo les saco a ustedes. - La hija menor parece la hija mayor, o quizás lo sea. El padre le alcanza la cámara. Al rato se saca fotos a ella misma. Se ríe sola con una sonrisa de picardía. Al otro costado una flaca de unos veinte años posa para una cámara inexistente, lleva el cabello reluciente, recojido en una larga trenza cocida y parece exponer sus perfectas piernas al tiempo que revisa un celular que, más que celular, parece una máquina del futuro. 
Un pobre hombre sube sólo al colectivo (antes de ser un coche, el coche era un colectivo). Digo que es un pobre hombre, no porque suba sólo al colectivo, ni mucho menos, si no porque tiene cara de ser un pobre hombre. Te dicen: sacá foto acá, acá, acá, sacá foto, sacá foto. La gente se ha olvidado de mirar con los ojos, debe de pensar el pobre hombre, y de caminar también. En un paradero estratégicamente ubicado cerca de uno de esos paisajes que, o son bellos, o son bellos, se encuentra un baño. "Respeto tus ganas de morir. Respetá mis ganas de vivir. Prohibido fumar en los baños": Impreso en computadora. En otro papel, escrito con lapicera: "Este baño es pribado, no público. Todos los que ingresen deben colaborar" Hay algo que me perturba en ese cartel, y no es la falta de ortografía.
Afuera hay cosas de muchos colores y todos te dicen compre, compre, compre, y la gente compra, compra, compra. Desde un rincón miro yo algo más, creo que sigo observando al pobre hombre, que, a su vez, parece observarme a mí.

sábado, 23 de julio de 2011

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Hoy me dijo: Al final de cuentas creo que vale la pena vivir por los sentimientos que se tienen. Entonces me doy cuenta de que todo lo que siento en realidad es algo tan triste que ya no sé. Yo pienso: lo triste es tan enfermamente hermoso, a veces.

¿Qué significa haber abandonado las flores? Me acompañan desde los catorce años. Ahora tengo veinte, y pongo en duda mi identidad. Pero es que no las quiero, no me llaman la atención como antes. En realidad, es mucho más que eso: Tengo pánico. Me dice que tiene pánico. ¿Por qué no puedo responderle nada? Me gustaría decir algo. Nada muy brillante, pero algo, alguna palabra, cualquier cosa que la haga sentir un poco acompañada. Que haga que deje de pensar que todas las relaciones que mantiene con cualquier persona, ya sea su amante, su amigo o el vecino – buenos días, que frío que está haciendo últimamente – son artificios.

 Pero cómo puedo decirle algo. No con esa intención, al menos. Sería más fácil si nos juntaramos a tomar un café y me contara de lo bien que la pasó en aquella fiesta (no sólo no la pasó bien, sino que incluso el relato de la fiesta da cuenta de un cansancio existencial difícil de expresar). Entonces tomo el café, mis manos se entretienen intentando hacer un barco de papel con alguna servilleta. No puedo decirle nada porque sus ojeras me hacen pensar que sí, así es, todas nuestras relaciones son artificios. Y con el vecino, bueno, yo le digo, buenos dias, qué tal. Pero.......... (No hay peros, parece decirme con la mirada. Es todo lo mismo). Me gustaría decirle que no, que no es así. No me sale palabra de la boca. Se obliga a sonreír, toma café. Yo hago lo mismo. No puedo objetarle nada.

lunes, 18 de julio de 2011

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ojalá el sol no salga nunca
al menos hoy


pero tranquila, conejo, ya habrá oportunidad para esas cosas
y más también.

re-vol-ver

Me gustaría poder escribir sobre todas estas cosas, pero me desbordan. Llevo un cuaderno conmigo a todas partes. Palabras, frases, oraciones sueltas que quizás algún día logren constituir un texto bonito, o agradable de leer. O quizás un texto horroroso, de esos que te asfixian, sí, un texto que te asfixie sería mucho mejor. Quizás algún día...
Mientras dormías no pensaba y escribí esto:

una flor marchita (cualquiera) - mi perro se murió.
la frente marchita - una canción
el ocaso interminable - no recordar
lágrimas de sal - incomprensible
ya no más humo - me quería morir ayer
ya no más / tener un agujero en el estómago / punto 
dormir de día - rima con .........................
tengo hambre, pero no quiero comer.

Entonces te despertaste, improvisamos una comida rápida. "Espero no haber roto el teclado, y no haber asustado a nadie con el pelo", pensé. No quería morir, pero era consciente de que a veces es necesario. Eran las dos de la tarde, no se encontraba la urgencia de decir cosas. Basta con miradas y presencias, yo le sonrío.  

Me deja tiempo para recordar esa seguridad que llevo conmigo a todas partes en una cartera o mochila, la seguridad, completamente absurda, como todas las seguridades, de que si quiero, puedo escribir. Aunque sea una palabra. O ni siquiera. Un garabato. Una letra o dos. Como la otra noche en el colectivo, abrí un libro y copié algunos versos, luego escribir algunas oraciones agramaticales. Seguridad de poder escribir a la noche, cuando la última compañía se quedó dormida. Siempre soy yo la última en cerrar los ojos.

Me imaginaba, mientras tanto, que ese colectivo no era tal, sino otro, que el frío no era de invierno, si no de otoño, que miraba por la ventana y el paisaje me mostraba una imagen nunca antes conocida. Que, a pesar de ser la última en cerrar los ojos, estaba ya en camino hacia un lugar donde nunca querría cerrarlos, y donde no habría horarios para tener que abrirlos.